Vivir a manos llenas
6 min readApr 9, 2022

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José-Miguel Ullán en la pantalla

Buscando y buscando grabaciones de programas presentados por José-Miguel Ullán, o en los que este participaba, encontramos un artículo publicado en Diario de Mallorca y escrito por José Carlos Llop. Decía lo siguiente:

Me parece que fue en el programa Encuentros con las letras, el mejor programa de libros que ha habido en TVE: noventa minutos, si no más, de críticas, reportajes, entrevistas y tertulias y hablo de finales de los años 70. Sí, fue en ese programa y aquel día lo cogí empezado. Había varios contertulios, de entre los que destacaba el único al que no conocía. La tertulia se centraba en él, porque era él quien no paraba de hablar. ¿Hablar, digo? Lo suyo era opinar con contundencia y simular enfado ahí donde había seriedad argumental. Su discurso era potente, brillante, avasallador; su castellano, magnífico; su inteligencia, indiscutible, acerada y compleja. Y seductora, cualidad que reforzaba su tono de voz.

Queremos que esta descripción sirva de base para esbozar la figura de este escritor que comenzó es El Adelanto escribiendo una columna, y acabó colándose en la pantalla de nuestras casa, ya fuera para hablar de las altas esferas literarias, o sobre algún aspecto de la cultura popular.

El primer programa del que queremos hablar es Tatuaje. Concretamente el retransmitido el 11 de septiembre de 1985. Un hombre de traje gris, de voz grave y difuminado por el humo de su cigarro entrevista a María Zambrano. Comienza preguntándole por el exilio y continua con la siguiente pregunta:

U: ¿No piensas que se han ido perdiendo muchas palabras necesarias?

M: Palabras necesarias, pero también palabras sustanciales, con sustancia, y sufro a morir la invasión del lenguaje técnico hasta la intimidad. (…) La palabra no es propiamente cultura, sino más que cultura, es sustancia, es vida, y no solo humana.

Alrededor de las «palabras» seguía esta conversación, guiada por el entrevistador de forma magistral. Solo nombrando nombres comunes como «aurora», «amor» o «bosque», María Zambrano contestaba con maestría. Cuando pasó José-Miguel Ullán a los nombres propios, puso a la cabeza «el arte».

La conversación continuó tocando el tema de la tauromaquia, la escritura y los gatos: «¿Qué había aprendido de los gatos, que siempre la han acompañado?», pregunta Ullán. María Zambrano contesta: «Yo es que soy muy dura de mollera, y más bien corta de luces, y entonces aprender de los gatos, es el saber más secreto que pueda haber. Si en este mundo occidental que vivimos tan culto hubiera alguien que supiera lo que es el gato, lo sabría todo. El gato es la perfección».

La entrevista termina con las siguientes palabras de la filósofa malagueña:

«Sé que me la estoy jugando, es así, pero me la jugué mucho más cuando salí de España entre medio millón de españoles, con mi madre, sin mi padre, que gracias a Dios murió unas semanas antes de terminar la guerra. Allí había verdad, y yo no era de ningún partido. (…) A Federico, le tocó ser el símbolo de la poesía asesinada».

Lo que queda patente después de estas líneas es que el eclecticismo de José-Miguel Ullán estaba presente en cada una de sus apariciones. La mezcla de culturas y el saber encontrar el valor estético en los detalles más pequeños era una de sus señas de identidad.

El siguiente programa del que queremos hablar es Imágenes y artes visuales, donde Paloma Chamorro da la palabra a un jovencísimo José-Miguel Ullán, que todavía desde su exilio en París, allá por enero de 1979, entrevista al crítico literario, lingüista y ensayista Roland Barthes.

Lo que queremos destacar de esta entrevista, además de la interesantísima conversación con Barthes es la introducción que hace José-Miguel Ullán, en la que describe el tipo de entrevista que va a llevar a cabo, y donde resuena aún el estilo de los artículos que pronto veremos publicados como: Vivir a manos llenas: periodismo de juventud.

«De entrada, pienso que no estaría de más resaltar algunas de las características esenciales del lenguaje de Roland Barthes. En primer lugar, cualquier telespectador medianamente atento verá una serie de signos pese a que el lenguaje esté hablado. Verá el arsenal de la cosmética literaria: comillas, subrayados, paréntesis, puntos suspensivos, etcétera. Esos adornos aderezan un discurso cuya instancia no es política, ni filosófica, ni religiosa, pero que de alguna manera, como poso o suplemento, tienen bastante que ver con todos esos enunciados. Podemos, pues, llamar erótico a este discurso, puesto que tiene que ver con el maquillaje que precede, o que tiende o aspira al placer. También, podría ser llamado estético, y no solo por el hecho de que aquí se hable de imágenes, pero siempre que la categoría estética, esa vieja categoría, fuera alejada de su fondo, que podríamos denominar idealista o regresivo.
Hay también otro rasgo esencial, que se centra en el miedo nada gratuito que siente R. B. por no ser audible desde un medio de difusión amplio como pueda ser la televisión. Este miedo absoluto se funda en el hecho de que habla una jerga intelectual verdaderamente de clan y por lo tanto tiene un miedo, como digo más que justificado, a hablar un lenguaje irreal sin ninguna conexión posible con la palabra común (…)».

Por último, vamos a hablar de ¿Qué sabe nadie? Las folklóricas, un coloquio sobre la canción española, y las folklóricas, su incidencia en la vida social y su relación con el franquismo. Emitido en 1984, entre los escritores invitados estaban José-Miguel Ullán y José Manuel Vázquez Montalbán.

En un determinado momento de la tertulia José-Miguel Ullán exponía la siguiente cuestión a Marifé de Triana, Antoñita Moreno, Lola Flores y Paquita Rico y Juanito Valderrama:

«Aun a riesgo de ser un poquitín prolijo, yo creo que esta historieta tiende a marcharse así por demasiados meandros. Entonces, por ejemplo, se habla del flamenco, se habla con el frenesí que es debido. Si hay cosas que marcan una vida, es haber escuchado los fandanguillos de Juanito Valderrama, es una historia de esas fuertes, es decir, que justifican casi una existencia. El problema que subyace toda esta historia, y lo que yo creo que espera el público, es la otra historia, la que reaparece cíclicamente en esta conversación. Manolo Vázquez Montalbán trazaba muy bien el proceso de la palabra “folklóricas”, desde una nominación estrictamente neutra y definidora hasta llegar a un instante totalmente ofensivo. Yo creo que hay que hacer cierta cronología y cierto didactismo en este asunto. En efecto las folklóricas pasan a tener un sentido peyorativo, no diré para la inmensa mayoría del pueblo español, sino para una élite que da testimonio. En un momento dado pasan a tener un sentido peyorativo por esa identificación absolutamente grotesca, pero totalmente eficaz, que es folklóricas igual a franquistas…».

Con esta sentencia, que siempre podréis continuar escuchando en los enlaces que os dejamos a continuación, os mostramos estos tres ejemplos que son una prueba más de ese lugar desde el que entrevistaba, comentaba y escribía José-Miguel Ullán: un lugar en el que los contrastes y lo aparentemente opuesto se elevaban a la categoría de arte.

Enlaces y artículos citados:

Sueño y verdad, de María Zambrano:

https://www.rtve.es/play/videos/programas-y-concursos-en-el-archivo-de-rtve/sueno-verdad-maria-zambrano/6133862/

Imágenes y artes visuales, Roland Barthes:

https://www.rtve.es/play/videos/programas-y-concursos-en-el-archivo-de-rtve/roland-barthes-31-01-1979/6066521/

¿Qué sabe nadie? Las folklóricas:

https://www.rtve.es/play/videos/la-clave/clave-sabe-nadie-folkloricas/3442197/

Artículo de José Carlos Llop:

https://www.diariodemallorca.es/opinion/2009/05/31/ullan-4203587.html

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«Vivir a manos llenas. Periodismo de juventud», José-Miguel Ullán. Próximamente en librerías. linktr.ee/ullan.viviramanosllenas